This is somewhat a continuation of the "Big Three: What Europe needs?" entry.
Those not invited to the "Big Three" party should be upset. El Paîs’ editorial patiently explains how important it is to keep the ENTIRE EU involved. But, again, Balibar would say, well, do something about it Spain, Holland and Italy. Action leads to power.
Principally Spain, Holland and Italy are potentially falling behind as the Big Three set the agenda. It also appears that talk of equal states in Europe is just that – talk.
Divergence and convergence among member nations on various issues can create an equilibrium, albeit fragile, in European affairs. France and Germany split on something like the role of NATO and European security, but agree that Britain is good as an additional leader. But, what El Pais argues is that the interests of the entire EU is best served by cooperation from all member states.
I think it’s interesting that the tone of the El Pais editorial is, for the most part, relatively calm. The Italians sure weren't.
I’m also reminded of the United States and relations between states. Arizona, California, Colorado may battle over water rights, for instance, but when it comes to the Western United states and, say transportation dollars, states will line up. This is the state of affairs with politics in the EU. There is a model that already exists, despite its flaws.
An aside:
In regard to security policy and the EU, I wonder again about examining a US model. Countries can maintain its own military, something akin to individual states and their respective "National Guard" outfits, while still developing and maintaining a larger "united" military. Of course, there is the concern of resources.
I need to read more on Britain’s take on a European Union army. I can still see Blair wanted to keep a more autonomous approach to Her Majesty’s security. Has anyone seen anything on this?
Basically, what this editorial is saying that the Big Three discussion of employment, competitiveness and innovation was used as a red herring perhaps to distract from a potential power grab before the EU expands to 25.
However, the best cooperation is among all member-states, and not just the three giants.
Cita en Berlín
EL PAIS | Opinión - 19-02-2004
Sobre la reunión en Berlín de los tres grandes han sobrevolado las quejas de unos socios no invitados -Holanda, Italia y España básicamente- que creen que Alemania, Francia y Gran Bretaña pretenden dominar la futura Unión Europea de 25 miembros que nacerá en semanas. Quizá para disipar en parte este clima envenenado, la agenda formal del encuentro, el tercero de este tipo desde septiembre pasado, ha estado centrada en temas como el empleo, la competitividad industrial o la innovación en la UE. Pese a este temario deliberadamente degradado por los interlocutores para evitar la impresión de que se erigen en puente de mando continental, la comitiva ministerial que les ha acompañado revela la importancia que Berlín, París y Londres han dado al encuentro.
La grisura de la actual realidad europea, con la futura Constitución en el limbo y el desafío de organizar un club que en pocos meses tendrá casi el doble de afiliados, hace más tentadora para sus miembros más poderosos la idea de dar un paso al frente. En este sentido hay que saludar la propuesta alumbrada en Berlín para revitalizar la agenda de Lisboa enunciada en el año 2000 -un intento de crear empleo, estimular el crecimiento y reducir el foso entre Europa y EE UU- y poner a su cargo a un nuevo vicepresidente de la Comisión Europea.
Pero Francia, Alemania y Gran Bretaña deberían resistir cualquier eventual tentación de convertirse en directorio de sus socios. Mejor que peor, la UE se las ha arreglado hasta ahora para mantener un cierto equilibrio entre los intereses de sus miembros mediante el mecanismo mixto del Consejo intergubernamental y la Comisión Europea. Los países más grandes tienen más votos en el Consejo, y la Comisión vela por los intereses del conjunto. Trasladar este engranaje a una asociación de 25 va a poner a prueba el sistema. Pero una Unión donde los más poderosos controlaran la adopción de decisiones mientras una superpoblada Comisión permaneciera entre bambalinas destruiría contrapesos que han mostrado su eficacia durante años.
La nueva UE ampliada necesitará sin duda de un liderazgo estratégico, sobre todo en materia de reforma económica y defensa, que evite su transformación en un magma sin claros objetivos comunes. Pero es más que discutible que esa dirección deba llegar de la alianza bilateral entre Berlín y París, con la ineludible participación británica -todavía fuera de la eurozona- en razón, entre otras, de sus capacidades militares. El mejor servicio a los intereses de tantos y tan dispares Estados y la flexibilidad del conjunto estarán probablemente mejor garantizados por la cooperación entre los grandes y los pequeños que por el designio de los gigantes.
El emergente tripartito, en definitiva, debería concentrarse en los ámbitos donde su esfuerzo puntero sea más útil para un conjunto cuyo dibujo está a punto de ser alterado sustancialmente. Pero las decisiones sobre la Unión Europea, con todo el esfuerzo y la cintura política que requieran, deben dejarse al total de sus miembros. La UE como realidad global será de todos o no será.
Posted by Andrew Becker at February 19, 2004 02:45 PM