November 9, 2004
Good for Colombia's president, and so strange
On November 3rd, the main Bogota's daily shows it's pleasure after Bush's victory. For Colombia, it means "the continuity of a policy that has been good for the country." It is good in terms of military aid and in the negotiation of a Free Trade Agreement.
El Tiempo's publisher's brother is the Vice President of Colombia, but the paper's position reflects that of many business communitie in Latin America.
The cultural reaction is often very different. In an Op-ed piece published a few days later, an intelectual sees, tongue in cheek, the hand of God in the results. How could you explain otherwise that so many poor and Latinos voted for the incumbent president?
God is alive, and if Faulkner could travel in his country again, he would discover that Yoknapatawpha valley now extends from the Rio Grande to Alaska. What a revenge for the south.
El Tiempo (Colombia) - Bush: triunfo sin manchas
El Tiempo - Diós metió la mano
EDITORIAL
Bush: triunfo sin manchas
El presidente George W. Bush se siente victorioso. Y con razón. Reelegido con la votación más amplia de la historia de Estados Unidos, consolidó para su partido mayorías sólidas en el Senado y en la Cámara. Con su triunfo en el voto popular y en Florida, dejó atrás las dudas que había generado su primera elección.
La satisfacción para Bush es mayor si se asume que los estadounidenses validaron toda su controvertida estrategia. A diferencia de su opositor, el Presidente adoptó una posición ideológica rígida y confió en que la movilización de los republicanos afines a sus principios bastaría para mantenerse en la Casa Blanca. No hizo concesiones programáticas, ni se movió al centro, ni les apostó a los independientes. Y de manera sistemática acusó a Kerry de contradictorio y ambiguo. Fue una elección entre un discurso simple pero claro, el de Bush, y una confusa expectativa de cambio, la de Kerry. Entre el incompetente y el incoherente, como sentenció The Economist, que (al igual que nosotros) le apostó a este último. Sin duda ayudó la personalidad afable y campechana de un mandatario fuertemente criticado en las élites intelectuales más sofisticadas, pero que para sus seguidores es un ciudadano más común y corriente.
Al final, y paradójicamente, el tema de Irak jugó en su favor. Así lo demuestran los primeros análisis, según los cuales miles de partidarios de Bush consideran que el gran derrotado fue Osama Ben Laden. A pesar del caos que reina en ese país y de las comprobadas mentiras que condujeron a la intervención militar, los estadounidenses, como lo han hecho siempre en tiempos de guerra, apoyaron a su líder. Reiteraron que no son partidarios de cambiar de timonel en mitad de la tormenta. De paso, sacaron a flote sus particulares valores, profundamente conservadores, y su preferencia por lo elemental y los planteamientos sin matices. Una cultura política que contrasta con la del resto del mundo, donde la reelección de Bush fue recibida con innegable decepción.
El resultado de su unilateral política exterior ha sido el alejamiento de la mayor parte de los países del mundo. La zona islámica, en especial, debe considerar hoy que los electores de Estados Unidos le han lanzado un desafío. La victoria de Bush y su equipo tampoco ayuda a mejorar las tensas relaciones con los principales países europeos, cuyos líderes hacían silenciosa fuerza por John Kerry. Pero la peor interpretación que podría hacer la Casa Blanca de los resultados del martes es que no tiene razones para enmendar su política exterior. Sería el pasaporte hacia un futuro internacional más incierto y tenso.
Acerca de la agenda interna, la reelección de Bush también suscita inquietudes. Sobre todo si, envalentonado por su victoria, se empecina en imponer un programa ultraconservador y demasiado ideológico. Si bien los estadounidenses optaron por la continuidad de Bush, también dieron señales claras de que quieren cambiar el rumbo en varios temas domésticos. Y los serios cuestionamientos de gran parte de la opinión a la guerra de Irak no se pueden desconocer.
Para Colombia, la reelección de Bush significa la continuidad de una política que ha sido positiva para el país. La ayuda militar deberá superar las penurias fiscales, pero será tramitada por un escenario político -presidente amigo, con amplias mayorías en el Congreso- que facilitará la aprobación de las iniciativas de la Casa Blanca. Tanto en materia de ayuda como en un TLC que seguramente seguirá adelante sin demasiados contratiempos.
Se explica, en fin, la evidente satisfacción de Bush. Ya no será más el producto de un fraude electoral, ni un hazmerreír, ni un político excesivamente beneficiado por el destino, como se lo ha considerado en los últimos cuatro años. Ojalá entienda que lo que se ha ganado no es una licencia para la revancha, sino la oportunidad para reconstruir la credibilidad de su país ante el mundo.
Armando Benedetti Jimeno
RINCÓN CARIBE
¡Dios metió la mano!
(Noviembre 8 de 2004)
Contra toda lógica se encargó, por ejemplo, de que muchos negros del sur, latinos, otros migrantes y toda la pobrecía ayudaran efectivamente al triunfo de George W.
Es probable que después de la victoria del señor Bush el futuro parezca mas vacío que de costumbre. Y que el pasado que siempre supusimos intransferible, esté aquí en la forma más tosca. Es tiempo de ignorancia arrogante, de imposturas morales y, sobre todo, tiempo de Dios.
Un solo dato escalofriante: a mediados de la década de los 60, un 60 por ciento de los norteamericanos pensaban que había que deslindar política de religión. El año pasado apenas un 25 por ciento de esos ciudadanos seguían considerando útil ese deslinde.
Dios, pues, no había muerto, como lo creímos. Vive, y no como una culpa insoportable por el deicidio, tampoco como un peso cultural metido entre los huesos de los genomas, sino como amo y señor de nuestros designios. En su nombre podrán reinventarse las infamantes diferencias entre buenos y malos y, por supuesto, reanudar los torneos teológicos que solo las guerras y los terrorismos podían y pueden dirimir.
Sí, procede reconocerlo: Bush ha sido reelegido por voluntad de Dios. A "boca de urna", esas votaciones falsas que los encuestadores utilizan para anticipar el resultado o para estropearlo, un 33 por ciento de los tipos que votaron por el señor George W. confesaron haberlo hecho por sus "principios morales y religiosos". Los de George W., claro. Si a eso le sumamos los que hicieron lo mismo pero les da pena divulgarlo y los que creen que la lucha contra el terrorismo y la guerra estúpida de Irak son las nuevas cruzadas contra el mal, es decir, otra empresa "moral", no queda más remedio que aceptar que Dios metió la mano. Por lo menos las manos.
Los electores estaban decidiendo, al menos en una docena de estados, y al mismo tiempo que sobre el presidente, una reforma constitucional insidiosa e innecesaria que, sin embargo, se transformaba en un poderoso factor de sesgo. En efecto, en una maniobra que pasó inadvertida para contradictores y analistas, los republicanos pusieron a votar una enmienda constitucional -repito que innecesaria- para prohibir las uniones entre personas del mismo sexo.
Todos sabemos que el acento religioso se expresa mucho más allá de los ámbitos que le son propios. El aborto, el alcoholismo, el feminismo, las células madre, el sexo, etcétera, son, entre muchos otros tópicos, temas que propician la aparición de lo religioso como factor para contaminar decisiones políticas. Mientras en España, el país en que uno pensaba que instaurarían el pontificado el día que lo extraditaran del Vaticano, cerca del 70 por ciento de los ciudadanos no solo propician las uniones gay, sino que quieren permitir procesos de adopción en cabeza de parejas así, en Estados Unidos, la más formidable potencia económica y militar, la enmienda desata el resplandor de Dios y decide las elecciones.
Dios, qué duda cabe, está de moda. Todos. Todos los dioses. Porque el de Abrahán estará de fiesta por el triunfo de George W., el "presidente más pro israelí de la historia". Bueno, Alá no celebra, pero inspiró el estúpido video de Ben Laden que tanto contribuyó al éxito electoral de George W. Inútil agregar que será precisamente con Alá con quien tendrá que vérselas, durante los próximos cuatro años, el dios de la Casa Blanca. Torneos de Dios.
Dios no se anda con pendejadas. Contra toda lógica se encargó, por ejemplo, de que muchos negros del sur, latinos, otros migrantes y toda la pobrecía ayudaran efectivamente al triunfo de George W. Que los demócratas tuviesen un historial reciente -no siempre, no siempre fue así- de defensa de los derechos civiles, de más compromiso con las minorías y las inversiones sociales, son ciertamente minucias. Los asuntos de Dios son los asuntos de Dios y punto.
La elección de Carter pareció, en su oportunidad, la apoteosis de un sueño imposible hecho realidad. Para lograrlo se habían unido los blancos y los negros del sur al conjuro de un partido que primero fue de blancos y después reservorio de los sueños de las negritudes. Todos unidos para respaldar a un blanco extraído del sur más profundo. Ahora el milagro de Dios es mucho más conmovedor. Todo el país es el sur. Todo el país se comporta como el "corazón del sur", que ahora es ubicuo. Todo el país hace parte del "cinturón bíblico" del sur.
No es necesario que cada norteamericano, de Ohio o de Nebraska, corresponda a los cánones de un 'redneck', ni que desfallezca al ritmo de un 'country western', ni que maneje tractomulas con equipos de radio, ni que sea bautista o metodista. Si Faulkner viviera todavía no tendría que hacer un largo viaje en tren desde Harvard, como lo hizo su Quentin Compson en El sonido y la furia, para comprender que estaba de nuevo en casa al ver al primer hombre negro en una mula. Ahora hay mulas en cualquier parte y el valle Yoknapatawpha comienza al norte del río Grande y termina en Alaska o Canadá. Dios es grande. El sur ha cobrado venganza.
Posted by Francis Pisani at 1:05 PM
November 3, 2004
Argentina: government, markets and people
"It would be a lie to say that things went bad for us in our relations with Bush," declared the Argentinian Secretary of the Interior quoted by Clarín from Buenos Aires.
Another story informs on the positive reactions of the markets.
A third article retracing the first Bush presidency describes him as a neo-conservative with a mystic discourse and a bellicose mind.
Governments are cautious, markets are happy and people are bewildered. In a very short space on the home page of this Argentinian daily, one can get a pretty good view of common feelings outside the U.S.
Clarín (Argentina - Aníbal Fernández: “Sería mentiroso decir que con Bush nos fue mal”
Clarín (Argentina) - Los mercados reaccionan positivamente
Clarín (Argentina) - Un neoconservador de discurso místico y de espíritu belicista
Posted by Francis Pisani at 10:37 AM
October 27, 2004
Democracy at a crossroad
In a very careful tone another editorial from the conservative La Tercera (Chile) deals with the strange fact that in the mother of all democracies (the United States of America) a person can become president through popular vote without having obtained the majority of the popular vote. "With good reasons, one can have doubts about the quality of democracy" in such circumstances recognizes the editorial.
On October 23rd, another editorial from the same newspaper explained that "the dirty campaigning does not mean that its legitimacy can be questioned. This is, after all, the great difference in relation to what happens in other political cultures."
Nevertheless, today's editorial concludes by telling its readers that "the United States democracy is at a cross road. This vote is a referendum on the role of the US in the world as much as an exam on the validity of its electoral institutions."
La Tercera (Chile) - El fantasma del 2000 en los comicios de EEUU
El fantasma del 2000 en los comicios de EEUU
Ante la posibilidad de que se repitan los problemas en el conteo de votos del año 2000, estas elecciones son también una prueba de fuego para la institucionalidad electoral de EEUU.
Una reciente encuesta encargada por la agencia internacional de noticias The Associated Press concluyó que un 60% de los electores en Estados Unidos no cree que habrá un ganador claro en los comicios del próximo martes y que cerca de la mitad teme que los resultados serán impugnados ante los tribunales. Tienen motivos para pensar eso. De partida, porque tanto demócratas como republicanos han contratado a verdaderos ejércitos de abogados no sólo para enfrentar un eventual conteo final polémico en algunos estados que de antemano se sabe tendrán resultados muy estrechos, sino para cuestionar los propios registros electorales, algo en lo que ya están trabajando activamente: el partido de gobierno duda de la transparencia en la masiva inscripción de nuevos votantes demócratas, mientras que la oposición sospecha de mecanismos para dificultar o negar el voto de las minorías.
Esto último trae a la memoria la elección presidencial del año 2000, cuando el recuento de votos en Florida fue una auténtica pesadilla que tuvo al país en la incertidumbre durante semanas y en la que se llegó a discutir desde la validez de los votos emitidos en el extranjero por personal militar, hasta la forma correcta que debía tener la perforación en las papeletas. Que el gobernador de ese estado fuera hermano del candidato ganador y que la supervisora electoral fuera simultáneamente jefa de la campaña del mismo en Florida añadieron más confusión y elementos para cuestionar unos comicios que, en definitiva, se resolvieron por apenas 537 votos.
Esta preocupación por la eficiencia e, incluso, la honestidad del proceso electoral norteamericano es reciente. Un fenómeno que, además, se suma a las críticas que desde la última elección no ha dejado de recibir su sistema electoral. Tradicionalmente, los votantes en EEUU se preocupaban más de discutir acerca de los niveles de guerra sucia en las campañas (y que en ésta han llegado a extremos insospechados), pero pocos dudaban de que el ganador era efectivamente quien había sido ungido como tal. Todo esto introduce una dinámica nueva en un país que, aunque tiene vicios y defectos significativos, en más de un sentido suele ser considerado como una especie de paradigma de la democracia y de la estabilidad institucional, así como un claro exponente de los pesos y contrapesos para distribuir las responsabilidades entre las instituciones del Estado.
Las críticas al sistema electoral y los problemas que se estima habrá en la definición de estos comicios son una oportunidad para preguntarse por el sentido de esa peculiar forma de elegir al jefe de la Casa Blanca. Se trata de una fórmula que asigna votos electorales a cada estado sobre la base de su población. En efecto, con buenas razones se puede dudar de la calidad democrática de un sistema en el que quien obtiene más votos no necesariamente se convierte en el Presidente. Es que, según las normas más aceptadas de la democracia, la paradoja de triunfar sin tener la mayoría del voto popular resulta difícil de entender.
Estas falencias cobran particular relevancia en el contexto internacional en que ocurren estos comicios. De por sí, quien ocupe la Casa Blanca siempre es tema de interés en el escenario mundial, pero mucho más cuando la política norteamericana es tan cuestionada desde variadas tribunas y cuando los dos contendores tienen visiones que representan la polarización política que se vive hoy en EEUU. En efecto, la guerra en Irak y la lucha contra el terrorismo del actual gobierno han dividido a los votantes y se prevé un final tan estrecho como en la elección anterior. De ahí el temor de que se multipliquen los cuestionamientos de los resultados y se exijan engorrosos recuentos que rara vez dejan satisfechos a alguien.
Por todo esto, la democracia estadounidense está en una suerte de encrucijada. Esta votación es tanto un referéndum sobre el papel de EEUU en el mundo, como un examen a su institucionalidad electoral, la misma que demostró solidez cuando fue la Corte Suprema la que debió confirmar el triunfo del actual presidente.
Posted by Francis Pisani at 11:54 AM
From Chile: the good side of US indifference
Today's Editorial in La Tercera, the second (and clearly conservative Chilean daily) deals with "US indifference towards Latin America." It picks up something which has made headlines in more than one newspaper south of the Rio Bravo: the absence of reference to the hemisphere in the presidential debates.
Mexico was mentioned once, when Kerry said that attacking Iraq after 9/11 was as good an answer as attacking Mexico after Pearl Harbor would have been. It was meant to ridicule Bush, not Mexico, but that's the only occasion in which a Latin American country was mentioned.
Drug trafficking was mentioned too, but it was related to the Afghan poppy seeds and not the South American coca leaves.
La Tercera remembers that during the cold War, at least, US governments were paying attention: they did everything to prevent an expansion of Soviet influence in the continent.
Politics do not seem to matter any more. NAFTA inaugurated an area in which commerce is king in the relations between Latin America and the US.
It's not necessarily bad, says this Editorial piece, because it means that Latin America plays no major role in the war on terrorism, and because it implies that political relationships (with the exceptions of Cuba and Venezuela) are "going through a phase of harmony."
La Tercera (Chile) - La indiferencia de EEUU hacia América Latina
La indiferencia de EEUU hacia América Latina
En el debate dedicado a la política exterior, la región no mereció ni una sola mención de alguno de los candidados a la Casa Blanca. Gane quien gane, seguirá sin ser una prioridad para la Casa Blanca.
En uno de los momentos más álgidos del primer debate televisado entre el senador John F. Kerry y el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, el legislador y abanderado del Partido Demócrata en la carrera por la Casa Blanca le espetó a su rival que haber invadido Irak como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre del 2001 fue como si Franklin D. Roosevelt, quien gobernó el país del norte entre 1933 y 1945, hubiera hecho eso con México en respuesta al ataque japonés en Pearl Harbor.
Está claro que con esa analogía el legislador trató de fustigar a su rival por la forma, momento y razones que abrazó para invadir ese país árabe y poner fin definitivo al reino de sombras de Saddam Hussein. Para eso se valió de un país latinoamericano, lo que en sí no tiene nada de especial. Es decir, el retador habría provocado el mismo efecto si, por ejemplo, hubiese escogido a Canadá, Francia o Gran Bretaña, naciones históricamente amigas de EEUU. La ironía sería la misma. Aún así, la referencia a México, no por casual dejó de ser significativa. Y la razón, contundente, es que, a la postre, esa alusión fue literalmente la única a América Latina en la hora y media de intenso debate entre los postulantes a llevar las riendas de la única superpotencia del planeta. El hecho no es menor, ya que el primero de los tres encuentros estelares programados entre Bush y Kerry no estuvo dedicado a aclarar posiciones sobre seguridad social, economía o educación, sino a la política exterior y la seguridad nacional.
En otras palabras, mientras las constantes referencias a los aspectos clave de la agenda de intereses de Washington en Irak, Afganistán, Rusia, Corea del Norte, China o Sudán subían, por momentos, el tono del debate, ninguno de los candidatos puso sobre la mesa asunto alguno relacionado con el estado actual o futuro de los vínculos entre EEUU y la región latinoamericana. Ni siquiera los temas más tradicionales, como el control de la emigración ilegal, el comercio o el narcotráfico. Sobre esto último, incluso, cuando uno mencionó el problema del cultivo de amapolas, lo hizo en alusión a las plantaciones afganas; ninguno tuvo entre sus prioridades, por ejemplo, los cultivos de hoja de coca para la producción masiva de cocaína.
En efecto, la situación en esta materia es muy distinta a la que existió, en la historia reciente, en la Guerra Fría. Durante esas décadas, la preocupación de los gobiernos estadounidenses fue evitar la expansión de la influencia soviética o de las ideas socialistas a como diera lugar, muy en especial luego del triunfo de la revolución castrista. Los condicionantes de ese período histórico, en definitiva, motivaron todo tipo de acciones, algunas encubiertas y otras no tanto, por parte de la Casa Blanca en la región. Ahora, en cambio, el escenario es radicalmente distinto. La década de los 90 inauguró una etapa en las relaciones entre América Latina y EEUU marcada por el comercio. De ahí nacieron, por ejemplo, el Nafta (EEUU, Canadá y México) o la iniciativa para conformar un Área de Libre Comercio de las Américas, el Alca.
El enfasis comercial es el que sigue predominando hoy y así lo demuestra, sin ir más lejos, el TLC entre Chile y el país del norte. El Alca y otros acuerdos bilaterales, a su vez, siguen en marcha. Pero nada de eso es una prioridad en el abanico de intereses globales de la Casa Blanca después del fatídico 11-S. EEUU es un país en guerra, en este caso contra el terrorismo internacional, y, sobre esa base diseña y mueve su política exterior. No debe extrañar, entonces, que la región no amerite más que una alusión como la de la "invasión a México" en un debate presidencial. Ni siquiera pesa, como muchos tienden a pensar, que los latinos hayan superado a los negros como la minoría más grande de ese país, que los candidatos hablen más español que nunca o la persistente inestabilidad general en no pocas naciones de la región.
Lo que habría que preguntarse en este contexto es si el hecho de que América Latina sea un "non issue" en la campaña 2004 por la Casa Blanca es algo necesariamente negativo. No parece que así sea, toda vez que esta aparente indiferencia bien puede leerse también como una señal de que esta región no es un escenario prioritario de la lucha contra el terrorismo, ya que aquí no se presenta ese flagelo en la forma en que sí se ha manifestado en partes de Europa, Asia o Africa.
Así las cosas, gane quien gane el 2 de noviembre próximo, nada cambiará sustancialmente en la dinámica de las relaciones interamericanas. El foco, aunque de forma distinta, seguirá siendo la guerra contra el terrorismo. Eso no es algo que haya que lamentar, porque los lazos son fuertes. Al revés, la calidad política de los vínculos, con las excepciones de siempre, como los gobiernos de Venezuela (desde 1998) y Cuba, parece pasar por momentos de armonía.
Posted by Francis Pisani at 11:31 AM
October 20, 2004
Local politics and the US election
During a brief trip to Venezuela and Chile I am reminded that besides predictable reactions towards the image and the promises of each candidate local politics matter more than anything.
Both Venezuela and Chile will have local elections on October 31st and most of the discussion one can have there deal with local issues.
The Venezuelan opposition keeps criticizing the August referendum handily won by Chavez, and is considering a massive abstention in the coming vote.
In a country where Pinochet's dictatorship is still very present, Chileans do not seem to discuss politics too much and the streets of Santiago are full of color pictures of the candidates void of any political slogan. Nevertheless, people are concerned by the coming vote which is seen as a rehearsal of next year presidential election.
Newspapers and pundits do write or talk about the US election. "The future of humanity is at stake" in the US presidential election wrote and editorial from El Universal (Venezuela) on October 19. It does not seem to show up very clearly on their public's radar screen.
El Universal (Venezuela - El debate Bush-Kerry
El debate Bush-Kerry
El punto neurálgico del debate entre Bush y Kerry no fue jamás tocado con sinceridad en el reciente show político de la televisión estadounidense. Más allá de las contradicciones entre la retórica y los hechos producidos por Kerry en sus dos décadas de senador y del implacable miedo escénico de Bush, el problema del destino de Estados Unidos como nación _íntimamente asociado a la suerte de la humanidad_ nunca fue abordado por los contrincantes de pantalla en su dimensión total. La médula de la discusión tuvo que haber respondido a la siguiente pregunta: ¿Está dispuesta la mayoría de los estadounidenses a constituir su país en un poder global-militar excluyente y enterrar así el orden mundial de la llamada Guerra Fría? Por eso, en realidad, se votará, más allá de las promesas de una mejor calidad de vida, lugar común de las campañas electorales en cualquier lugar del planeta.
Ha quedado claro que la acción unilateral estadounidense de invadir Irak fue una decisión de los halcones republicanos y no una posición de Estado (demócrata-republicana). Kerry lo expresó con vehemencia; para los demócratas una cosa es luchar contra el neoterrorismo según Bin Laden, y otra proseguir una costosa guerra en una nación donde no se encontraron armas de destrucción masiva. Igualmente, no es lo mismo combatir con el apoyo de los amigos (ONUOTAN) que hacerlo unilateralmente. La posibilidad del triunfo de Kerry anuncia una rápida retirada de Estados Unidos de Irak y el fin de la ruta contra el denominado "eje del mal".
Pero el asunto no es tan sencillo. El bushismo solamente ha sido el brazo ejecutor de un trajinado y pulido plan de dos décadas (era Reagan) que los halcones republicanos diseñaron para dejar en manos de Estados Unidos y su Estado corporativo con la suma del poder global. El nuevo proyecto significa instalar un Nuevo Orden Global (NOG), que debe desplazar el Orden Mundial (OM) representado en las Naciones Unidas, útil en el contexto de la Guerra Fría, pero institucionalmente inoperante en el sistema de poder unipolar emergente. El concepto de Europa rumsfeldiana, donde los gobiernos que apoyan el Nuevo Orden Global dirigido por Estados Unidos representan la Nueva Europa y los que lo rechazan quedan arrinconados en el baúl de la Vieja Europa, puede trasladarse a todos los países del mundo.
Hay algo más, tan importante como el nudo gordiano geopolítico. El plan de globalización militar lleva implícito en su primera etapa el control de los recursos energéticos claves. El retiro de Irak y la transferencia del poder territorial a la ONU devolvería el papel protagónico al lobby FranciaAlemania-Rusia en el manejo del petróleo de Irak e Irán, tal como estaba ejecutándose cuando Estados Unidos realizó la invasión.
El triunfo de Bush significará la profundización de la guerra global sin límite de tiempo, y la ejecución del plan de poder total para Estados Unidos, al precio que sea necesario. El éxito de Kerry devolvería al planeta al estado de equilibrio inestable de la posguerra fría, pero representaría el fin del sueño hegemónico de los halcones republicanos.
En las elecciones presidenciales de Estados Unidos se está jugando mucho más que una simple cuestión de alternabilidad en el poder interno. Se decide el futuro de la humanidad.
Posted by Francis Pisani at 12:29 PM
October 5, 2004
From Mexico: "You scare us"
"The problem [with the United Sates] lies in foreign policy," writes Carlos Fuentes, a great Mexican and Latin American writer who expresses himself perfectly well in English. In a column for the Los Angeles Times he explains that the basic truth that shapes the relationship between the two parts of the continent is that "The United States is strong. Latin America is weak." Admiration in the South for the culture of the North, goes along with a huge capacity to resist "gringo fashions."
The problem lies in a history of military interventions balanced by moments of friendship and "good neighbor" policies. Campaigns in Central America, or Mexico, actions against democratic Chile cannot be forgotten easily.
These Latin American grievances were balanced by a perception that the U.S. never formally renounced the principles of international law and the hope that it would reaffirm them again.What is alarming about the Bush administration is its formal denunciation of the basic rules of international intercourse. [...]
Is it strange that many Latin Americans should see in these statements an aggressive denial of the only leverage we have in dealing with Washington: the rule of law, the balance obtained through diplomatic negotiation?
Los Angeles Times - You Scare Us
You Scare Us
Bush is giving Latin America the willies
By Carlos Fuentes
Carlos Fuentes is the author, most recently, of "Contra Bush," which will be translated into seven languages.
September 26, 2004
LONDON — The United States is strong. Latin America is weak. This is the basic truth that shapes their relationship. There is no irrational animosity toward the U.S. in Latin America. There is a measure of suspicion balanced by enormous admiration for the culture of Herman Melville to Walt Whitman to William Faulkner, of Hollywood and jazz, of Eugene O'Neill to Arthur Miller. Nor is there envy of the United States. Latin America is deeply aware of its cultural values. Our personality is not assailed by gringo fashions. We absorb and adapt to the cultures of the world, including that of the U.S.
The problem lies in foreign policy. Too often, the United States is seen as a benevolent Dr. Jekyll at home and a malevolent Mr. Hyde abroad. The wars against Mexico (1846-1848) and Spain (1898), Teddy Roosevelt's "big stick," Woodrow Wilson's well-intentioned but counterproductive intervention in Mexico during its revolution, incessant and arrogant meddling in Central America. Not an easy menu to swallow. One moment shines through, however: Franklin Roosevelt's "good neighbor" policy, his decision to win Latin American support during World War II through negotiation rather than confrontation.
And after that war, a limpid admiration for the Roosevelt and Truman policies of international cooperation through organizations based on the rule of law. "We all have to recognize," Harry Truman said in 1945, "[that] no matter how great our strength … we must deny ourselves the license to do always as we please." The United Nations was a creation of U.S. diplomacy. Its principles were clearly stated and universally accepted. Even when the U.S. violated them in practice during the Cold War, the principles were never renounced.
This brings us to what Latin Americans find so shocking about the Bush administration. Instead of multilateralism, unilateralism. Instead of diplomacy and negotiation and a search for consensus and the use of force only as a last resort, the barbaric principle of preventive war.
U.S. support for brutal dictatorships in Chile, Argentina and Uruguay in the name of anti-communism caused great suffering. The overthrow of Jacobo Arbenz in Guatemala and Salvador Allende in Chile. The Central American wars in the 1980s and their high body counts. These Latin American grievances were balanced by a perception that the U.S. never formally renounced the principles of international law and the hope that it would reaffirm them again.
What is alarming about the Bush administration is its formal denunciation of the basic rules of international intercourse. With us or against us, President Bush declares starkly and simplistically. The U.S. acts according to its own interests, "not those of an illusory international community," asserts national security advisor Condoleezza Rice.
Is it strange that many Latin Americans should see in these statements an aggressive denial of the only leverage we have in dealing with Washington: the rule of law, the balance obtained through diplomatic negotiation?
Not only out of self-interest, but also as participants in the global society, many Latin Americans worry that U.S. unilateralism is incompatible with the multilateralist nature of globalization. This was the warning issued by former Mexican President Ernesto Zedillo at last year's Harvard commencement. Add Chilean President Ricardo Lagos' perception that the world community is postponing the urgent global agenda of creating an adequate social-program fund, strengthening human rights and overcoming the chasms between haves and have-nots. And top it with former Brazilian President Fernando Henrique Cardoso's plea to the French National Assembly: Fight vigorously against terror but also against the underlying causes of terror: hunger, ignorance, inequality and distorted perceptions of other cultures.
Fortunately, these composite voices of Latin American statesmen found a powerful echo in North America, when former President Clinton warned that you do not defeat terror if you do not figure out how to work with an interdependent world.
These voices, these warnings, these hopes have been disowned by the Bush administration. "With us or against us," Bush has said. It hardly matters. Offensive as these words are to the international community, I believe that Latin America, in particular, will not forget the outright deceptions of the Bush era: the shifting rationales for an unnecessary war and a disastrous postwar occupation; the absence of weapons of mass destruction in Iraq; the targeting of one tyrant (Saddam Hussein) among many (Kim Jong II, Robert Mugabe, Moammar Kadafi); the utter lack of foresight that an occupied Iraq would rise against the foreign occupiers and try to fashion its own political future out of its complex religious, tribal and cultural realities, all of them ignored by the neoconservatives in Washington.
But while not forgetting these mistakes and deceptions, we would put the accent on the restoration of the rule of law, the thrust of cooperation and the attention due to 3 billion human beings living in poverty, ignorance and illness. When Bush and his bellicose minions are gone, these problems will still be around. We in Latin America should try to bring them forward as the real agenda for this troubling century.
Posted by Francis Pisani at 8:41 PM
September 27, 2004
The President will be elected this week
That is, at least, the title of a story on the preparation on the debate published by Página/12 in Buenos Aires (Argentina).
The article (written by London's The Independent correspondent in Washington) rightly focuses on the importance of this so-called "debate." Only the title (probably written by the editors in Buenos Aires) rushes to the conclusion.
It's always hard to say if a distant observer loses percpetion of nuances or gets a chance to get a deeper understanding of a situation.
Página/12 (Buenos Aires) - Esta semana se elige al presidente
Posted by Francis Pisani at 11:10 AM