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November 9, 2004

Good for Colombia's president, and so strange

On November 3rd, the main Bogota's daily shows it's pleasure after Bush's victory. For Colombia, it means "the continuity of a policy that has been good for the country." It is good in terms of military aid and in the negotiation of a Free Trade Agreement.

El Tiempo's publisher's brother is the Vice President of Colombia, but the paper's position reflects that of many business communitie in Latin America.

The cultural reaction is often very different. In an Op-ed piece published a few days later, an intelectual sees, tongue in cheek, the hand of God in the results. How could you explain otherwise that so many poor and Latinos voted for the incumbent president?

God is alive, and if Faulkner could travel in his country again, he would discover that Yoknapatawpha valley now extends from the Rio Grande to Alaska. What a revenge for the south.


El Tiempo (Colombia) - Bush: triunfo sin manchas

El Tiempo - Diós metió la mano

EDITORIAL
Bush: triunfo sin manchas


El presidente George W. Bush se siente victorioso. Y con razón. Reelegido con la votación más amplia de la historia de Estados Unidos, consolidó para su partido mayorías sólidas en el Senado y en la Cámara. Con su triunfo en el voto popular y en Florida, dejó atrás las dudas que había generado su primera elección.

La satisfacción para Bush es mayor si se asume que los estadounidenses validaron toda su controvertida estrategia. A diferencia de su opositor, el Presidente adoptó una posición ideológica rígida y confió en que la movilización de los republicanos afines a sus principios bastaría para mantenerse en la Casa Blanca. No hizo concesiones programáticas, ni se movió al centro, ni les apostó a los independientes. Y de manera sistemática acusó a Kerry de contradictorio y ambiguo. Fue una elección entre un discurso simple pero claro, el de Bush, y una confusa expectativa de cambio, la de Kerry. Entre el incompetente y el incoherente, como sentenció The Economist, que (al igual que nosotros) le apostó a este último. Sin duda ayudó la personalidad afable y campechana de un mandatario fuertemente criticado en las élites intelectuales más sofisticadas, pero que para sus seguidores es un ciudadano más común y corriente.

Al final, y paradójicamente, el tema de Irak jugó en su favor. Así lo demuestran los primeros análisis, según los cuales miles de partidarios de Bush consideran que el gran derrotado fue Osama Ben Laden. A pesar del caos que reina en ese país y de las comprobadas mentiras que condujeron a la intervención militar, los estadounidenses, como lo han hecho siempre en tiempos de guerra, apoyaron a su líder. Reiteraron que no son partidarios de cambiar de timonel en mitad de la tormenta. De paso, sacaron a flote sus particulares valores, profundamente conservadores, y su preferencia por lo elemental y los planteamientos sin matices. Una cultura política que contrasta con la del resto del mundo, donde la reelección de Bush fue recibida con innegable decepción.

El resultado de su unilateral política exterior ha sido el alejamiento de la mayor parte de los países del mundo. La zona islámica, en especial, debe considerar hoy que los electores de Estados Unidos le han lanzado un desafío. La victoria de Bush y su equipo tampoco ayuda a mejorar las tensas relaciones con los principales países europeos, cuyos líderes hacían silenciosa fuerza por John Kerry. Pero la peor interpretación que podría hacer la Casa Blanca de los resultados del martes es que no tiene razones para enmendar su política exterior. Sería el pasaporte hacia un futuro internacional más incierto y tenso.

Acerca de la agenda interna, la reelección de Bush también suscita inquietudes. Sobre todo si, envalentonado por su victoria, se empecina en imponer un programa ultraconservador y demasiado ideológico. Si bien los estadounidenses optaron por la continuidad de Bush, también dieron señales claras de que quieren cambiar el rumbo en varios temas domésticos. Y los serios cuestionamientos de gran parte de la opinión a la guerra de Irak no se pueden desconocer.

Para Colombia, la reelección de Bush significa la continuidad de una política que ha sido positiva para el país. La ayuda militar deberá superar las penurias fiscales, pero será tramitada por un escenario político -presidente amigo, con amplias mayorías en el Congreso- que facilitará la aprobación de las iniciativas de la Casa Blanca. Tanto en materia de ayuda como en un TLC que seguramente seguirá adelante sin demasiados contratiempos.

Se explica, en fin, la evidente satisfacción de Bush. Ya no será más el producto de un fraude electoral, ni un hazmerreír, ni un político excesivamente beneficiado por el destino, como se lo ha considerado en los últimos cuatro años. Ojalá entienda que lo que se ha ganado no es una licencia para la revancha, sino la oportunidad para reconstruir la credibilidad de su país ante el mundo.


Armando Benedetti Jimeno
RINCÓN CARIBE
¡Dios metió la mano!

(Noviembre 8 de 2004)

Contra toda lógica se encargó, por ejemplo, de que muchos negros del sur, latinos, otros migrantes y toda la pobrecía ayudaran efectivamente al triunfo de George W.

Es probable que después de la victoria del señor Bush el futuro parezca mas vacío que de costumbre. Y que el pasado que siempre supusimos intransferible, esté aquí en la forma más tosca. Es tiempo de ignorancia arrogante, de imposturas morales y, sobre todo, tiempo de Dios.

Un solo dato escalofriante: a mediados de la década de los 60, un 60 por ciento de los norteamericanos pensaban que había que deslindar política de religión. El año pasado apenas un 25 por ciento de esos ciudadanos seguían considerando útil ese deslinde.

Dios, pues, no había muerto, como lo creímos. Vive, y no como una culpa insoportable por el deicidio, tampoco como un peso cultural metido entre los huesos de los genomas, sino como amo y señor de nuestros designios. En su nombre podrán reinventarse las infamantes diferencias entre buenos y malos y, por supuesto, reanudar los torneos teológicos que solo las guerras y los terrorismos podían y pueden dirimir.

Sí, procede reconocerlo: Bush ha sido reelegido por voluntad de Dios. A "boca de urna", esas votaciones falsas que los encuestadores utilizan para anticipar el resultado o para estropearlo, un 33 por ciento de los tipos que votaron por el señor George W. confesaron haberlo hecho por sus "principios morales y religiosos". Los de George W., claro. Si a eso le sumamos los que hicieron lo mismo pero les da pena divulgarlo y los que creen que la lucha contra el terrorismo y la guerra estúpida de Irak son las nuevas cruzadas contra el mal, es decir, otra empresa "moral", no queda más remedio que aceptar que Dios metió la mano. Por lo menos las manos.

Los electores estaban decidiendo, al menos en una docena de estados, y al mismo tiempo que sobre el presidente, una reforma constitucional insidiosa e innecesaria que, sin embargo, se transformaba en un poderoso factor de sesgo. En efecto, en una maniobra que pasó inadvertida para contradictores y analistas, los republicanos pusieron a votar una enmienda constitucional -repito que innecesaria- para prohibir las uniones entre personas del mismo sexo.

Todos sabemos que el acento religioso se expresa mucho más allá de los ámbitos que le son propios. El aborto, el alcoholismo, el feminismo, las células madre, el sexo, etcétera, son, entre muchos otros tópicos, temas que propician la aparición de lo religioso como factor para contaminar decisiones políticas. Mientras en España, el país en que uno pensaba que instaurarían el pontificado el día que lo extraditaran del Vaticano, cerca del 70 por ciento de los ciudadanos no solo propician las uniones gay, sino que quieren permitir procesos de adopción en cabeza de parejas así, en Estados Unidos, la más formidable potencia económica y militar, la enmienda desata el resplandor de Dios y decide las elecciones.

Dios, qué duda cabe, está de moda. Todos. Todos los dioses. Porque el de Abrahán estará de fiesta por el triunfo de George W., el "presidente más pro israelí de la historia". Bueno, Alá no celebra, pero inspiró el estúpido video de Ben Laden que tanto contribuyó al éxito electoral de George W. Inútil agregar que será precisamente con Alá con quien tendrá que vérselas, durante los próximos cuatro años, el dios de la Casa Blanca. Torneos de Dios.

Dios no se anda con pendejadas. Contra toda lógica se encargó, por ejemplo, de que muchos negros del sur, latinos, otros migrantes y toda la pobrecía ayudaran efectivamente al triunfo de George W. Que los demócratas tuviesen un historial reciente -no siempre, no siempre fue así- de defensa de los derechos civiles, de más compromiso con las minorías y las inversiones sociales, son ciertamente minucias. Los asuntos de Dios son los asuntos de Dios y punto.

La elección de Carter pareció, en su oportunidad, la apoteosis de un sueño imposible hecho realidad. Para lograrlo se habían unido los blancos y los negros del sur al conjuro de un partido que primero fue de blancos y después reservorio de los sueños de las negritudes. Todos unidos para respaldar a un blanco extraído del sur más profundo. Ahora el milagro de Dios es mucho más conmovedor. Todo el país es el sur. Todo el país se comporta como el "corazón del sur", que ahora es ubicuo. Todo el país hace parte del "cinturón bíblico" del sur.

No es necesario que cada norteamericano, de Ohio o de Nebraska, corresponda a los cánones de un 'redneck', ni que desfallezca al ritmo de un 'country western', ni que maneje tractomulas con equipos de radio, ni que sea bautista o metodista. Si Faulkner viviera todavía no tendría que hacer un largo viaje en tren desde Harvard, como lo hizo su Quentin Compson en El sonido y la furia, para comprender que estaba de nuevo en casa al ver al primer hombre negro en una mula. Ahora hay mulas en cualquier parte y el valle Yoknapatawpha comienza al norte del río Grande y termina en Alaska o Canadá. Dios es grande. El sur ha cobrado venganza.

Posted by Francis Pisani at November 9, 2004 1:05 PM